El miedo, la ansiedad y sus des-adaptaciones.

En la práctica clínica, ante las problemáticas de ansiedad, números pacientes llegan a la consulta por iniciativa propia, enviados por alguien o ante la sugerencia de familiares o amigos. Generalmente, a partir de un hecho aparentemente aislado, que sucede por primera vez; o por el contrario, que alcanzó su límite frente a las repetidas ocasiones y ante ello la consulta con el psicólogo aparece como la “última oportunidad”. Por ejemplo, inquietud o irritabilidad, discusiones por temáticas inespecíficas, conflictos en la vía pública, problemáticas diversas en el contexto del trabajo.
Ahora bien, estos acontecimientos que llevan a tomar la decisión de realizar a consulta, con frecuencia son el punto final -o el último de ellos- de un largo historial de otras situaciones parecidas, donde el factor común suele ser el mismo: el miedo a afrontar situaciones, o la ansiedad en relación a ellas: antes, durante o después. Y en algunos casos, durante toda la jornada del sujeto.
Antes de seguir: ¿qué es el miedo? ¿y la ansiedad? ¿siempre son un problema? Tanto el miedo, como la ansiedad, son respuestas emocionales; el miedo, puntualmente, una de las emociones básicas. La ansiedad, una emoción tendiente a emitir ciertas conductas frente a situaciones específicas. Ahora bien, ¿por qué pueden ser un problema? Lo cierto es que se cuenta con ellas para mantenerse a salvo de posibles peligros potenciales, reales o percibidos. Cumplen una importante función de preservación, que se ha ido perfeccionando a lo largo de la evolución. No obstante, cuando se vuelven sistemáticas, desproporcionadas e incontrolables, estas respuestas se vuelven incontrolables. De este modo, frente a ciertas situaciones que se presentan como amenazantes, a las que se responde en formas desproporcionadas, aparecen respuestas de ansiedad desadaptativas.
Estas problemáticas de ansiedad pueden presentarse como fobias específicas (a ciertos animales, objetos, situaciones), fobia social, agorafobia, pánico, obsesiones, ansiedad generalizada. No obstante, el denominador común y aspecto central, es la respuesta de ansiedad ante la cual el sujeto no puede responder. Así, en los procesos terapéuticos se trabaja sobre los aspectos cognitivos de base, las creencias que sostienen los temores del sujeto, a los fines de reformularlas y reemplazarlas por otras más adaptativas. De este modo, se plantean objetivos de trabajo tendientes a la disminución o extinción de la problemática, por medio de estrategias específicas y en tiempos acordados en conjunto con el paciente. Se fortalecen sus recursos y estrategias personales, a la vez que se intenta establecer a la ansiedad como una emoción con fines adaptativos, en línea con el conjunto de las demás respuestas emocionales. Y si bien, en general, se trabaja a partir de estas situaciones iniciales que motivan la consulta, se realiza una conceptualización amplia que aborda todas las áreas de la vida del sujeto, de modo de considerar el tratamiento en forma integral y lo más completo posible.